Una nueva belleza

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Una nueva belleza que sólo yo reconozco: la que brota de mi alma

lunes, 9 de noviembre de 2015

Hasta ahora, nadie les ha explicado por qué fue hecho así; pero lo cierto es que la construcción del nuevo teleférico Galipán-Macuto, que partirá desde el parque Waraira Repano, antes Ávila Mágica, y culminará en El Cojo, en la costa varguense, ha dividido a la comunidad de Galipán.

Galipán, cable a tierra

El nuevo teleférico vino a separar, literal y figuradamente, a una comunidad que se debate entre mantener su tradición agrícola e incrementar su pujanza turística, todo en un parque nacional. Por Pedro García Otero

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En marzo hubo un incendio en la zona que duró 17 días CORTESÍA
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EL UNIVERSAL
domingo 8 de noviembre de 2015  12:00 AM
Hasta ahora, nadie les ha explicado por qué fue hecho así; pero lo cierto es que la construcción del nuevo teleférico Galipán-Macuto, que partirá desde el parque Waraira Repano, antes Ávila Mágica, y culminará en El Cojo, en la costa varguense, ha dividido a la comunidad de Galipán. 

Y el término no se usa en sentido puramente metafórico: activistas comunitarios del poblado que está en lo más alto del parque nacional Waraira Repano, así como trabajadores de Inparques, señalan que la construcción de la obra, con 33 torres y cuatro estaciones (dos de ellas ubicadas en el propio Galipán) produce un daño ambiental que tenderá a empeorar cuando los viajeros acudan por miles al poblado.

Mientras tanto, otros residentes de Galipán esperan que el proyecto cambie la vocación agrícola del pueblo, por otra, turística, que ya parece inevitable y que se consolida cada día con nuevas posadas y restaurantes dentro del espacio del parque nacional. 

Más de 700 propietarios de casas en el poblado firmaron un documento, que fue presentado al gobernador de Vargas, Jorge Luis García Carneiro, solicitándole que se modificara la ruta del teleférico, que parte por la mitad a dos de los cinco sectores que tiene Galipán (San Isidro y Manzanares). En este último se encuentra, por ejemplo, la casa de Felipe Díaz, agricultor.

A Díaz le exigieron una parte de su terreno para construir una de las bases del teleférico; pero esto hace que, prácticamente, las cabinas rasguen el techo de su casa. Él ofreció otra parte del mismo, pero le dijeron que era imposible modificar el trazado. 

En cualquiera de los dos escenarios haría un sacrificio sustancial, porque su terreno tiene 500 metros cuadrados y la extensión de las bases de la torre es de aproximadamente 140 metros cuadrados. Y aún así, nadie le ha ofrecido, si tan siquiera, una indemnización. 

El mismo caso está padeciendo otra residente, Zulay Guánchez, a quien una de las torres tapará virtualmente la entrada de su casa, y denunció su caso a un portal de noticias en Internet. Lo que a Guánchez le han ofrecido es abrirle una trocha como nuevo acceso a su vivienda. 

Al menos otras cinco personas están en la misma situación, indica Roberto Pérez, presidente de la Asociación de Vecinos de Galipán, miembro de uno de los cinco consejos comunales que hacen vida en el sector; un abogado residente en la montaña ("mi familia ha vivido aquí por siete generaciones", afirma) que se ha constituido, con el respaldo de sus vecinos, en su representante legal oficioso. Son los mismos que firmaron la carta solicitando retomar el trazado original del teleférico, del régimen de Marcos Pérez Jiménez (antes de que el Ávila fuera parque nacional) el cual bordea la montaña.

Técnicos de Inparques también han cuestionado el proyecto, tanto a lo interno de su organización como hacia el exterior. Señalan que el nuevo trazado fue una agresión a la montaña desde el mismo momento que comenzó a construirse: "se están trasladando los materiales por la carretera, violando las regulaciones de carga de la misma, y se están haciendo grandes deforestaciones para construir cada torre. Es algo que se puede observar a simple vista".

El otro daño que advierten los técnicos de Inparques es que "no se está evaluando el impacto que pueden tener 6 mil, 8 mil personas todos los fines de semana en el parque". 

Cuestionan, particularmente, la estación San José de Galipán, donde se está planificando una feria de comida y la construcción de un museo en lo que era la antigua estación de El Irón. Señalan que el impacto ambiental de esa actividad no solo afectará a Galipán, sino a Macuto. 

Señalan, igualmente, que el proyecto se presentó a la comunidad de Galipán sin haber obtenido el consentimiento de esta, y que el mismo carece del correspondiente Estudio de Impacto Ambiental (EIA). Pérez desconoce si el EIA existe, pero señala que "a nosotros nos han hablado de él, pero nunca nos lo han presentado". 

Los argumentos

No es Inparques el organismo que está asumiendo las obras y los permisos del nuevo teleférico, sino Ventel C.A. (Venezolana de Teleféricos) órgano dependiente del Ministerio de Turismo y que también administra los teleféricos de Mérida y el del Waraira Repano que conocemos hoy. 

En el momento de presentar el proyecto (2013) el entonces ministro de Turismo, Andrés Izarra, señaló que la inversión en el mismo ascendía a $680 millones, y que no se podía usar el antiguo trazado del sistema (que funcionó hasta 1980) porque durante el deslave de Vargas, en 1999, algunas torres habían quedado inutilizadas. Sin embargo, los residentes de Galipán no encuentran esta explicación convincente, porque gran parte de las estructuras del viejo teleférico, incluyendo algunas de sus cabinas, aún son visibles bajando desde Galipán hacia Macuto por la carretera que construyó Rafael Caldera en su primer Gobierno, con participación de los propios galipaneros, entre ellos un para entonces muy joven Roberto Pérez. 

La infraestructura civil del nuevo teleférico, que tiene un recorrido de 7,5 kilómetros y cuatro estaciones, fue encomendada a Inversiones Alfamaq C.A., una empresa privada que tiene un amplio portafolio de proyectos estatales, incluyendo el gimnasio de la Academia Militar, la renovación del hipódromo La Rinconada tras el paso de damnificados durante varios años por sus instalaciones, la recuperación del Poliedro de Caracas y el complejo urbanístico San Francisco de Yare, en el Tuy. Entre las obras "en ejecución" en su página web se encuentra, precisamente, la del Teleférico. 

Mientras tanto, el sistema de teleférico, como tal, se le encomendó a Doppelmayr, la empresa austríaca productora de teleféricos que es una de las más conocidas del mundo y que acaba de rehacer el teleférico Mukumbarí, de Mérida. Un vocero de Promociones Munich, filial venezolana de esta última, y quien pidió expresamente no ser identificado, señaló que "nosotros entramos al proyecto desde el principio, pero nuestra acción se limita a la instalación de los equipos operativos del sistema. Por supuesto, estamos trabajando cerca de Alfamaq para asegurarnos de que no haya problemas cuando llegue ese momento (el de instalar los equipos) pero toda la obra civil es de Alfamaq, y toda la permisería es obtenida directamente por Ventel". 

El Universal intentó contactar a voceros de Alfamaq y envió comunicaciones a Venezolana de Teleféricos solicitando información sobre la construcción del teleférico, y no obtuvo respuesta. De la misma manera, envió comunicaciones al Instituto Nacional de Parques solicitando su versión de los planteamientos de los vecinos, sin resultados. Entre quienes están a favor del proyecto se encuentran los posaderos de la zona, quienes señalan que el espacio turístico se potenciará con la llegada de viajeros, y con este, el de restaurantes y otros servicios. Cuando se les consultó sobre el impacto que el teleférico tendrá sobre el medio ambiente, uno de ellos señaló que "mucho más impacto tiene el recorrido constante de vehículos de doble tracción por la carretera de Cotiza a Macuto", y agregó que el teleférico es una "alternativa limpia" para quienes deseen hacer el recorrido. 

Lo que sigue

Pese a que Galipán fue decretada en 2003 como Área Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae) por el Ministerio del Ambiente, y su administración fue encomendada a Inparques, este organismo no ha emitido opinión sobre las obras que se están llevando a cabo dentro del parque. Los técnicos de este organismo atribuyeron la situación a que el mismo se encuentra prácticamente paralizado desde el punto de vista de equipamiento y señalaron que la institución se ha desprofesionalizado. "Esto no es así solo en Galipán, la situación es mucho más crítica en otros parques nacionales, especialmente en los más alejados de las ciudades", señalan. 

Dentro de la designación de Galipán como Abrae, se incluía un plan de sitio, elaborado por la Universidad Simón Bolívar, y que nunca pudo ser culminado por las protestas de los propios galipaneros y la controversia que generó. 

Según se dijo en aquel momento, hace 12 años, el plan de sitio que terminó presentándose a los galipaneros no tenía nada que ver con lo que levantaron los técnicos de la USB, y este se había basado, a su vez, en la tradición y aspiraciones de los vecinos. Desde entonces, la queja de estos es la pretensión de "levantar una disneylandia" para el turismo en tierras que tienen vocación agrícola y que, según la Ley de Tierras, deben ser preservadas como tales, indica Pérez. 

Los activistas de la comunidad señalan que el primer inconveniente de la construcción del nuevo teleférico fue el incendio que se generó en marzo de este año, y que se mantuvo incontrolable por 17 días, que, según ellos, fue producido por el inadecuado desmontaje de las guayas del teleférico antiguo. El incendio solo fue controlado, señala Pérez, cuando los propios galipaneros le opusieron otro fuego, controlado, que le consumió el oxígeno y que hizo que ambos se apagaran. Esto, a pesar de la oposición de los bomberos forestales, que señalaban que era una solución ilógica; pero es ese tipo de conocimiento, afirma el vocero vecinal, el que se perdería si los galipaneros salen del territorio en el que han estado desde el siglo XVIII. 

"Nosotros somos los guardianes naturales de la montaña", indica. "No es cierto que le hagamos daño, ni con nuestra presencia, ni con nuestros cultivos. Si nos vamos, quienes vengan no tendrán estos conocimientos", señala Pérez. Por demás, indica, cuando se han ido familias galipaneras, el desarraigo hace estragos con ellas. "Se van a barrios, se desintegran", indica. "Muchos caen en drogas o en delincuencia". 

Díaz, quien siembra eucaliptos y flores en su terreno, aspira que sus nietos, que viven con él, mantengan la tradición. Esto, a pesar de que se le han presentado en el mismo jueces, guardias nacionales y otros funcionarios para obligarlo a que acepte la construcción de la torre aledaña a su vivienda. Pero cuando se le pregunta qué piensa hacer, responde, enfáticamente: "seguir viviendo aquí". 

@pedrogarciao

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