Una nueva belleza

Una nueva belleza
Una nueva belleza que sólo yo reconozco: la que brota de mi alma

lunes, 14 de marzo de 2016

En los años 1980 hice papel artesanal, y fue uno de mis mayores placeres, pues trabajaba la fibra directamente hasta llevarla a hoja de papel de la forma más natural posible...Por eso visitaba la comunidad de Aguada Grande, Parroquia San Miguel y de todo el Municipio Urdaneta en el estado Lara...Alli conocí a su gente...Campesinos nobles y trabajadores. Hoy leo con gran tristeza que la introducción de fibra sintética, falta de financiamiento y estímulos, han afectado a una actividad que hasta hace pocos años era floreciente.

El Sisal: La fibra económica de un pueblo desaparece

El cultivo del sisal ha perdido más de 4.000 hectáreas en el estado Lara

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La falta de mano de obra para sembrar y cosechar signa la desaparición del cultivo y de los pocos productores que quedan FOTOS HÉCTOR SEGURA
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MARLA PRATO |  ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
domingo 13 de marzo de 2016  12:00 AM
La convergencia de varios factores ha colocado en peligro de desaparecer a la fibra económica de todo un pueblo, como es el Sisal, cultivo que aportaba el 98 por ciento de la producción nacional, alimentaba a 5 mil familias, generaba trabajo a más de 650 pequeños productores y sustentaba el patrimonio social, cultural y alimentario de Aguada Grande, Parroquia San Miguel y de todo el Municipio Urdaneta en el estado Lara.

La introducción de fibra sintética, falta de financiamiento y estímulos, han afectado a una actividad que hasta hace pocos años era floreciente.

Hoy solo quedan menos de doscientos productores que pronto desaparecerán porque no hay mano de obra para sembrar y cosechar y el gobierno no compra nada, sentencia Eliseo Escobar, quien a sus 78 años dejó de creer en promesas oficiales y decidió que se dedicará a la ganadería y abandonará definitivamente la producción de fibra.

Sus hijos y nietos ya no se ocupan de las tierras, tienen un comercio de comida, una tasca y una bodega. Dicen: ¿para qué matarse en el campo? ¿para recibir una miseria? Jesús, el nieto tiene su moto propia y trabaja en el negocio del papá.

Lo mismo dicen otros jóvenes y estudiantes del liceo, quienes aseguran que la vida de sus abuelos fue demasiado dura y no les dio dinero, así que prefieren estudiar, trabajar en el comercio y hasta bachaquear en donde pueden ganar más.

4 mil hectáreas sin producción

Nadie sabe hoy día, la cifra exacta de tierras productoras de sisal en una zona que contó con más de 3 mil hectáreas cultivadas según datos aportados por el Instituto Nacional de Tierras (INTI), lo que representa casi el 90% de la superficie de ese municipio.

Las montañas que rodean Aguada Grande están totalmente devastadas por la ausencia del sisal que llegó al estado Lara en 1913 y está desapareciendo apenas un siglo después por el abandono del estado venezolano.

12.8 % representaba la población de la zona sisalera de esta entidad, conformada por los municipios Urdaneta, Crespo e Iribarren. De aquí salía el 100% de toda la fibra de sisal que se producía en Venezuela y de ésta, más del 90% era de la parroquia San Miguel.

De 14 mil hectáreas de superficie cultivada que llegó a tener el sisal en los años 70 en los 3 municipios en donde se cultivaba, bajó a 3.000 en el año 2005, por los bajos precios percibidos por su producción y además por la introducción de la fibra sintética, según un informe elaborado por La Fundación para el Desarrollo de la Región Centro Occidental (Fudeco), hoy institución desaparecida.

En el año 2005, el gobierno bolivariano firmó un convenio con China para la "erradicación de la importación del sisal en Venezuela" y recuperar la producción de este rubro.

Se creó, en consecuencia, la empresa chino-venezolana Venchi S.A. y se procedió a la compra de la planta procesadora de sisal, llamada Sisaltex, con más de 60 años en el mercado y 127 trabajadores activos, ubicada en Yucatán en el Municipio Iribarren, a la cual llamó Fibras de Venezuela.

En ese mismo momento, el gobierno le asignó a Venchi S.A., un presupuesto de 1.545 millones de bolívares para desarrollar el proyecto que contemplaba la creación de 720 puestos de trabajo directos y 2.800 indirectos.

Tres años duró la experiencia que, según los funcionarios de la CVAL, fracasó porque el sisal híbrido presentó un hongo que obligó eliminar su cultivo.

32 trabajadores quedaron cesantes, fueron liquidados y pasados a la CVAL a la espera de nuevas instrucciones de trabajo, que al final nunca llegaron, por lo que hoy solo cumplen labores de asistencia, y presentan como logro la siembra de unas 20 matas de lechoza y la preparación de unas cuantas hectáreas de tierras para la siembra de maíz "cuando lleguen las lluvias, porque no hay agua, ni siquiera se ha construido un pozo para la siembra de hortalizas que debían sembrar" como les informaron en un primer momento, funcionarios de la corporación que más nunca aparecieron por el lugar.

Los trabajadores, mostraron su preocupación porque ya no pertenecen a ninguna dependencia del gobierno, y dicen que fueron despojados de su seguro social, y al parecer, ahora dependen de un Fundo Zamorano, pero ni siquiera saben cuál es.

En su misma situación permanecen unos 2 mil trabajadores en todo el estado Lara.

Entre tanto, la planta procesadora llamada Fibras de Venezuela, adquirida por el estado venezolano, para procesar la fibra, se encuentra paralizada, según los pobladores de la zona. La información no pudo ser confirmada oficialmente porque el director de la misma no quiso ofrecer declaraciones, alegando que el único vocero era el Ministro de Agricultura y Tierras.

Cifras en rojo

Eliseo Cordero productor de Aguada Grande insiste en resaltar que el sisal murió y que no hay vuelta atrás, porque nadie quiere cultivar un rubro tan duro para ganar una miseria. De 20 bolívares que pagaban el kilo de sisal, hoy pasó a 120 por la escasa producción. De 20 a 30 mil kilogramos semanales que arrimaban antes, hoy no llega a 8 mil kg.

Cinco empresas existían en el país dedicadas a la manufactura. De ellas, cuatro estaban en Barquisimeto. Fibrotextil, Sisaltex (hoy Fibras de Venezuela, propiedad gubernamental), Cordelería Occidental que cerró con el sisal en 1990, Industrial Sisalara C.A. que aún se mantiene y Dogherty Cordage Mill ubicada en Caracas que desapareció en 1980.

Estas cinco empresas consumían alrededor de 2.500 a 3.500 toneladas al año y la producción de sisal, solamente proveniente de Aguada Grande, estaba estimada en 3.500 toneladas al año, llegando a importarse el producto a Europa y Estados Unidos.

La fibra de sisal era utilizada para manufacturar sacos para maíz, arroz paddy, papas, repollo, mecates y cordeles.

En ese tiempo el Banco Agrícola y la Corporación de mercadeo agrícola, recibían las cosechas a nivel nacional y requerían millones de sacos para recibirlas.

Pero a partir del año 1972, empezaron a incorporarse las fibras sintéticas que comenzaron a competir con la fibra de sisal.

El resultado fue que en poco tiempo salieron del mercado todos los sacos de sisal, salvo los de papa, cuya exclusividad se mantiene hoy en día solo en el municipio Andrés Eloy Blanco. El sisal fue perdiendo espacio con la fibra sintética y el estado dejó de comprar el sisal y eliminó los centros de acopio.

Aparecieron entonces los intermediarios, que según algunos afectaron los precios y llevaron a la especulación. En el 2013, la situación se volvió crítica ya que los intermediarios compraban a precios muy bajos y vendían a las empresas manufactureras muy caro.

En el año 2014, los productores empezaron a dejar el cultivo debido a que el kg de fibra era vendido a Bs 20 y los intermediarios la ofrecían a las empresas a Bs 100 y, ya en 2015, la situación se hizo insostenible, puesto que se ofrecía a precios caprichosos y no se entregaba el producto. La cifra alcanzó los 180 bolívares, con lo cual la última empresa sisalera que había cerró la línea y se dedicó a la fibra sintética.

Hoy, la situación de cierre se mantiene y la producción corre el riesgo de desaparecer totalmente del mercado y con ello una tradición, una cultura y una economía.

El sueño de los abuelos se está perdiendo entre la sábila y las motocicletas. Se cambiaron las máquinas y herramientas agrícolas por las motos, y las nuevas generaciones prefieren bachaquear o trabajar de mototaxistas que cortar, raspar, chipear, tender, manojear y arrimar la cocuiza hasta llevarla a paccas.

Lo dice Cristóbal Cordero, quien dejó de trabajar el sisal porque no consigue gente que lo ayude. Tiene 77 años, apostó su vida a la fibra. Y parece estar presenciando el final del cultivo.

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