Una nueva belleza

Una nueva belleza
Una nueva belleza que sólo yo reconozco: la que brota de mi alma

jueves, 6 de agosto de 2015

Cuando en el año 1999 mi segunda hija, Gabriela, me comunicó su intención de irse del país, sufrí un schock y un inmenso temor se apoderó de mi. Nunca imaginé que viviría lo que en una canción napolitana llamada "Oh che amaro questo panne" a la que le huía cada vez que mi cuñado, italiano de nacimiento, la colocaba...Los venezolan@s nunca nos vimos ni nos imaginamos que íbamos a migrar como tantas personas que recibimos, pues nuestro país fue "El Dorado" de muchas razas que hicieron su vida y capitales en nuestras tierras. Ante la obra de Carola Bravo me provoca hacer una reflexión sobre ese tema, que aún tanto me duele..(Parte I).

Carola Bravo reflexiona sobre migración y territorio

"Bordes borrosos" llegará en noviembre al Museo FROST de Miami.

imageRotate
La exposición estará integrada por siete videoperformances grabados por un equipo de venezolanos
MARÍA GABRIELA FERNÁNDEZ B. |  EL UNIVERSAL
miércoles 5 de agosto de 2015  09:01 AM
La mirada y representación de la territorialidad que caracteriza a las creaciones de la artista visual Carola Bravo ya no es la misma. Desde el momento en el que enfrentó un cambio de residencia, al mudarse hace 4 años hacia Miami, sus producciones se alejaron de las pinturas en cuadros e intervenciones urbanas para enrumbarse hacia los videoperformarces.

Siete de estos, producidos durante 2015, fueron seleccionados por el Museo FROST de Miami para integrar la próxima exposición individual de esta artista caraqueña, que ya se encuentra prevista para el 21 de noviembre. La muestra se titula en español Bordes borrosos y centra la mirada en el tema de la migración.

De acuerdo con Bravo, las obras utilizan como referencia piezas del artista norteamericano Jacob Lawrence, quien planteó un "recuento pictórico sobre la migración de los afroamericanos del sur al norte antes de la Segunda Guerra Mundial" en su serie La gran migración. "Yo las intervengo y participo en ellas con imágenes que fueron colocadas por capas y con apoyo de animaciones. Hay referencias al Salto Ángel, al Ávila, al vuelo de las guacamayas y también a mariposas amarillas de Venezuela y de Colombia (...) lo que es interesante porque ellas solo migran del sur al norte", detalla Bravo. Para las obras, también utiliza como inspiración a una serie de mujeres llorando elaborada por el artista Roy Lichtenstein, que cambia por su propio rostro.

En esta propuesta, que oscila entre la abstracción poética y la representación de temas vigentes, la artista pretende "entablar relaciones y coincidencias, como inmigrante, entre personas que emigran desde cualquier parte del mundo. Porque todos tenemos los mismos sueños y miedos". En su caso, confiesa: "Traté de tejer una especie de telaraña con este nuevo territorio a través de los artistas de aquí". Sobre la forma en la que este planteamiento se enmarca con su ya avanzado vínculo con la elaboración de mapas y espacios, insiste en que es proyectado desde la mirada de "la migración como pérdida del territorio o búsqueda de uno nuevo".

La muestra estará compuesta por seis videos en monitores y una video instalación proyectada a escala real sobre la pared en la que fueron, anteriormente, dibujadas y grabadas las imágenes. "Se produce un juego de espacio y de tiempo en el que todo sigue siendo como un mapa pero donde proyecto elementos reales para hacer un juego de percepción ante la audiencia entre realidad e ilusión". Será la tercera individual realizada por Bravo en Miami, y contará con la curaduría de Klaudio Rodríguez. 

mfernandez@eluniversal.com

Textos de la artista
Yo parto de la premisa que, aunque parezca contradictorio, la principal característica de los mapas es que inevitablemente distorsionan la realidad. Esta constatación me ha llevado a definir a los mapas y cartografías como "imprecisos ya que la escala y la idea de que algo delimitado como un mapa represente algo infinito como un territorio, son los principales elementos de distorsión. Esta imprecisión ha sido uno de los puntos de partida del desarrollo de mi trabajo con el objetivo principal de expresar la desaparición de los límites en los conceptos territoriales, reflexionado, sobre nuestro imaginario territorial y nuestra capacidad para representarnos a nosotros mismos en el espacio. De esta manera, la dinámica de mis realizaciones muestra un recurso temático con sentido referencial, un enfoque conceptual basado en la imprecisión y un registro plástico que combina el espacio y la línea. Al trasladar conceptos y espacios en grandes mapas desplegados, en instalaciones efímeras donde hay una superposición de discursos plásticos, insisto en la idea de trama como el centro de las relaciones vitales del todo. Estos mapas permiten reconstruir la ambigua noción de territorio a través de un sistema de estructuras abiertas y flexibles conformada por recorridos, trazos, trayectos o huellas que son desplazados o dislocados de su lugar original y que abordan lecturas inéditas de realidades llevando así, mensajes que nos relacionan con nuestro entorno, mensajes de cercanía, mensajes de verdad. El resultado son mapas imaginarios que nos envuelven entre sus redes de conexiones compuestos de varios discursos, el arquitectónico, el geográfico el poético y la memoria donde la realidad se convierte en un modelo "dislocado" de la realidad, que por consiguiente, es un modelo "impreciso" de la realidad. Siento una especie de pasión por las medidas. Medir es comparar, buscar semejanzas que nos revelen algo de nosotros mismos, es producir un eco interior que siempre dependerá de la imprecisión de nuestras experiencias y de la ambiguedad de nuestra localización y pertenencia. De esta manera, el haber elegido un destino de milímetros y distancias, me ha llevado a pensar que el arte es la ciencia espacial por excelencia, así mi búsqueda es, como dije antes, el dominio del espacio, tomar posesión del mismo, lo cual considero un gesto básico, una expresión de equilibrio, de continuidad, de vida; definir un espacio, ha sido siempre, la primera prueba de existencia. Sobre el arte efímero en general: El arte autentico, además de producir placer estético, tiene la capacidad de transformar nuestra conciencia, de inspirarnos, poseernos, conmovernos, despertar nuestra imaginación y reactivar ese vivir superficial en el que nos envuelve la cotidianidad abriendo nuevas posibilidades de sentir y actuar…está capacidad no tiene tiempo…pienso que el valor del arte no radica en su permanencia, sino en su efecto y este efecto puede ser momentáneo y a la vez, marcarnos eternamente.
Carola Bravo
Textos críticos
Las instalaciones de Carola Bravo, sus cartografías imprecisas, se nutren de todas las posibilidades de la representación espacial. Proponen al que las experimenta recorriéndolas, contemplándolas, penetrándolas, pensar su propio estar situado, su propio estar orientado, su propia relación con el espacio y con su cuerpo; lo que equivale a decir, si permanecemos fieles a nuestras conjeturas iniciales, su propia relación con su memoria y con sus deseos o, lo que es lo mismo, según creo, con su capacidad de prospección y de retrospección, de evocación y de proyección, de experimentar nostalgias y de aventurar utopías.
Al proponernos cartografías fracturadas de espacios discontinuos; al crear mapas de territorios y de materiales yuxtapuestos; al poner en escena coincidencias fragmentarias de fenómenos geológicos (ver en la veta del mármol, por ejemplo, la premonición de los meandros de un río, o de las huellas de un deslave, como Chema Madoz, por ejemplo, ve en un muro desconchado la premonición de un mapamundi); Carola Bravo nos invita a pensar en la imprecisión de nuestra experiencia de los espacios que recorremos cotidianamente, en la ambigüedad de nuestra propia consciencia de permanencia, de localización, de pertenencia a determinados territorios; nos invita a pensar, también, en lo impredecible de ciertos recorridos, en lo inconmensurable de ciertas dimensiones.
Tal vez por eso, entre los trozos de mármol y los planos y cortes de territorios que son también cortezas y bordes de mar, costas o crestas, ha tendido esos hilos de acero que organizan retículas o, mejor, haces, que parecen soportar lo insoportado, lo insoportable. De alguna manera, esas guayas metálicas, esos alambres tensos, reproducen la geometría maravillosa de los portulanos antiguos, con sus trazados de vías marítimas, sus rumbos de vientos, en los que la línea recta parece exorcizar en el papel los inconvenientes y los peligros de los viajes azarosos a los que servían de guía. Está claro, lo sé, que las instalaciones de Carola Bravo no pretende guiarnos a ninguna parte; no son, en ese sentido, periplos, derroteros; son cartas de marear, sí, imprecisas; cartas que pueden marearnos en su provocada y provocadora imprecisión. Cartas de marear que invitan, sin duda, a la navegación y que son ellas mismas el lugar y la ocasión de ese navegar, pues son a la vez cartografía y puesta en escena del espacio que convocan al tiempo que, performativamente, actualizan, como si nos fuera dado penetrar en un mapa y habitarlo, como se habita una habitación, o un escenario.
Uno podría decir, pues, que las cartografías de Carola Bravo son grandes mapas desplegados en profundidad, como si la carta geográfica de un territorio adquiriese una dimensión adicional a las del plano. Son mapas para ser actuados. En este sentido es que quería proponerles entender estas cartografías escenificadas, como teatros del territorio: escenas donde el espacio hace espacio a su propia representación; una representación que no está dada de antemano sino que se activa en cada puesta; es decir, en cada nuevo recorrido que alguien emprende sobre sus tablas.
Rafael Castillo Zapata
Escritor e investigador
Centro de Estudios Latinoamericanos-Celarg-Caracas-Venezuela 
Carola Bravo arranca sus ejecuciones con el otorgamiento de un tono solemne a los espacios. Estos promueven ingredientes plásticos y psicológicos que se fusionan en atmósferas de temperaturas álgidas, pero colmadas de energías esfumadas y convocadoras. Aquí el resultado resulta profundo como consecuencia de sucesivos planos que vienen reportados por los dibujos o por las formas geométricas de los mármoles. El espacio se reporta como extensión y prolongación, como brote de relaciones y de ilusiones, en definitiva, aflora como constelación de interacciones y tensiones. La síntesis de lo anterior se presenta como geometría espacial o como espacio geometrizado…también podría pensarse en geometrías intuitivas que se construyen mediante espacios fragmentados y de formas seccionadas que promueven la extraña combinación de fuerzas comcurrentes y divergentes. Carola Bravo incentiva ambivalentes sensaciones que sugieren expansiones y concentraciones en el interior de espacios que palpitan dentro de espacios previamente entramados. Esa idea de lo entramado está directamente viculada con las sensaciones que proceden del reiterado uso de líneas y redes a los cuales recurre la artista…En definitiva, Carola Bravo conquista una de las aspiraciones más desafiantes del trabajo artístico: hacer que lo visible no sea una simple pantalla de apariencias, ni una vitrina colmada de frivolidades, ni una escenografía anodina, por el contrario, logra imprimirle a sus realizaciones la agudeza metafórica propia de lo sutil y de lo sublime. Para darle consistencia a estas sutilezas hace que cada concepto asumido nos remita a otros más complejos hasta sentir que nos elevamos hacia instancias volátiles que no admiten pesos ni significaciones, porque ellas van más allá de cualquier especulación.
Víctor Guédez.
Escritor, crítico y curador de arte.
"Una tierra plena de leche y miel, la más bella de todas las tierras" se afirma en el libro de Ezequiel: una frase que se construye en el gran motor de “Tierra prometida”, de Carola Bravo, galardonada con el premio Iván Petrovzky, gracias a una propuesta que conjuga el concepto y poesía alrededor de dos círculos de mármol blanco, ubicados en el piso y dibujados, con gran sutileza, con los mapas de los hemisferios terrestres. Ellos sirven de soporte o pantalla para la proyección de dos videos. Desde el techo, dibujan continuamente, y al mismo tiempo metamorfosean imágenes y metáforas de la leche y de la miel. La artista, que había venido trabajando el tema de los mapas, de las cartografías como espacios ilusorios y, no obstante motivo para la expresión de conceptos territoriales, ha mantenido siempre un sentido referencial y un enfoque conceptual. Descansa en la ilusión del espacio y en la línea que bordea, configura y delimita la idea de una trama esencial en su obra: el yo real y su ubicación en un espacio, en un territorio que establece vínculos y conexiones entre los elementos puestos en relación: el arquitectónico, el geográfico y el poético que, en esta obra, tal vez, alcanza un clímax al ofrecernos la imagen de la más bella de todas las tierras, una tierra de leche y de miel, en la cual todas las distancias y referencias se borren para crear un solo espacio. Una buena y espaciosa tierra donde el ser se encuentra concentrado en la visión infinita de la leche y de la miel, conjugando un universo imaginario. Pero real por poético y fluctuante.
José Napoleón Oropeza
Presidente del Ateneo de Valencia.
Salón Nacional de arte Arturo Michelena- Ateneo de Valencia-Venezuela. 
El centro de las reflexiones de Carola Bravo lo constituye la creación de nuevos tejidos que permiten reconstruir la noción de ciudad. Ello recoge un punto de interrogación sobre las clásicas definiciones de lo urbano y el advenimiento de un nuevo sistema de estructuras más abiertas, flexibles y disociadas para su representación. Sus obras se van formando mediante la superposición de planos donde lo aleatorio permite incorporar infinitas lecturas en el recorrido de una ciudad. Sus obras reformulan la cartografía convencional y propone un extraño e inquietante trazado urbano que se caracteriza por sus múltiples perspectivas de ingreso. El resultado es una ciudad diferente, compuesta por varias ciudades y varios discursos: el topográfico, el arquitectónico, el poético y la memoria. Es una ciudad imposible y renovada, enmarcada dentro de las posibilidades de producir nuevos mapas o imágenes mentales del entorno. Es un trabajo que activa al ojo y la memoria, que circula entre diferentes niveles con la clara convicción de introducir en el espectador la inquietud por relacionarse con su entorno utilizando nuevos paradigmas de percepción.
Carola Bravo levanta una cartografía del crecimiento urbano y estructura el trabajo a partir de una reflexión sobre el trabajo humano ante la naturaleza libre. En este caso inscribe un particular interés en el crecimiento de la ciudad de Caracas y su paisaje, para lo cual investiga y recopila los planos que demuestran variaciones de crecimiento de la ciudad. El resultado es una ciudad que fragmenta y superpone diferentes capas de significado.
María Luz Cárdenas
Crítico de arte.
Directora del Museo de Bellas Artes de Caracas.
Dibujo tridimensional que ocupa y reinventa el espacio humano a través de lo fragmentado, lo sólido, lo sereno y lo abierto; formulando nuevas perspectivas. El factor de desplazamiento es importante en este trabajo. Las placas de mármol son triángulos largos, esferas medianas o rectángulos enormes que son interrumpidas repentinamente para a la poca distancia continuar. Así es como la diferencia en planos es activa, su prolongación es marcada o dibujada por líneas hechas de sombras, su idea de excavación o profundidad. Es entonces que todo parece estar apoyado por nociones de dibujo. Plano, ciudad. Dibujo y "geometría intuitiva" (Guédez), serían lo fundamental en el trabajo de instalación.
Mirada y poder de comunicación, mirada y mecanismos de la misma, mirada y procesos, mirada tecnológica y ojo humano en la obra de Carola Bravo. Carola Bravo hace impresiones, en las que el ojo, la fotografía o más exactamente la mirada a través del lente, el periódico, el encuadre, lo macro y el detalle, examinan la vida humana.
Juan Carlos Palenzuela
Escritor, crítico y curador de arte
Dibujo y espacio son fundamentos plásticos en la resolución de la propuesta. Junto con la deliberada ausencia del color, únicamente blanco y negro. Con los verdaderos trazos (negro) las líneas-hilos en los pedazos de mármol y paredes (blanco) con una muy particular dinámica de espacio es creada lo cual conduce a una inesperada apreciación de planos bi y tridimensionales... Cartografías Imprecisas implican una intervención espacial deliberada que es resuelta por la noción del tiempo. Cinco territorios – como los llamamos- que aquí son obras con nombre forman un cuerpo total que se comunica a través de líneas invisibles: se proyectan y combinan como un solo ente protegido por la magia invisible. Forman una textura que simula una tabla geográfica que necesariamente implica el ser.
Bélgica Rodríguez
Crítico y curadora de arte
Diríamos que Bravo es heredera de la vocación de Claudio Perna por el uso de la cartografía como recurso expresivo. Ella crea mapas imaginarios, para insistir en la idea de la "trama" como centro de las relaciones vitales del todo. (lo humano y lo no humano); de allí el universalismo de su mensaje; su formación de arquitecto la ha sensibilizado para la representación topográfica, y la inserción de lo urbano en este contexto. Sus mapas son imaginarios, subjetivos, pero se alimentan de lo real.
Elías Castro.
Investigador de arte. 
Carola Bravo desarrolla una propuesta que reconcilia los pretendidos opuestos conformados por el paisaje natural y el paisaje urbano, conduciéndonos desde el naturalismo hasta la abstracción conceptual la artista termina ofreciéndonos una representación diseccionada , contradictoria y profundamente intelectualizada del paisaje.
Adolfo Wilson
Crítico y curador de arte. 
Carola Bravo asume esa necesidad de memoriar y reseñar nuestro cotidiano, se detiene para recordar, para observar. su propuesta conjuga la racionalidad del arquitecto con la pasión del explorador, del artista...y del soñador.

Zhelma Portillo
Investigadora de arte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada