Una nueva belleza

Una nueva belleza
Una nueva belleza que sólo yo reconozco: la que brota de mi alma

domingo, 2 de agosto de 2015

Es triste pensar, que a algunos seres humanos sólo las desgracias de los demás, alimentan su felicidad. Son aquellos que toman el éxito de los otros como una amenaza al suyo; entendiendo erróneamente que si la vida de los otros empeora, automáticamente mejora la de ellos.

Gente tóxica

La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual

CARLOS DORADO |  EL UNIVERSAL
domingo 2 de agosto de 2015  12:00 AM
En un artículo anterior les hablé de los pecados capitales según mi madre, y comencé con la avaricia. Hoy quisiera hablarles de la envidia, la cual se caracteriza por un deseo insaciable de disfrutar con la desgracia de los demás.

Sin embargo; difiere de la avaricia por dos grandes razones: Primero, la avaricia está más asociada con bienes materiales, mientras que la envidia puede ser más general; segundo, aquellos que cometen el pecado de la envidia desean algo que alguien tiene, percibiendo que a ellos les hace falta o no pueden conseguirlo; y por consiguiente desean el mal al prójimo, y se sienten bien con ese mal ajeno; ya que el solo hecho de que alguien lo tenga y ellos no, les enferma y prefieren que nadie lo tenga, si ellos no lo pueden tener.

En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrarles sus ojos y cosérselos, para simplemente privarlos del placer que recibían al ver cómo otros caían; y llegaba a ser aún más placentero al ver a otros caer, mientras ellos surgían.

La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual, y es silenciosa, creciendo precisamente allí en forma silente, hasta que termina siendo una pasión cobarde y vergonzosa, que nadie se atreve nunca a admitir. Por eso, uno debería ser rígido y crítico con uno mismo, pero tratar de ser condescendiente con los demás. De este modo uno tiene más posibilidades de ser libre de toda envidia y resentimiento. ¡Dos terribles males que atentan contra la felicidad de la persona, a pesar de que los envidiosos no se den cuenta!

La envidia llega incluso a ser peor que los celos, ya que en cierto modo los celos son algo justo y razonable, puesto que tiende a conservar un bien que nos pertenece o que creemos que nos pertenece; mientras que la envidia es un furor que no puede tolerar el bien ajeno; aprovechando cualquier ocasión para perjudicar a los demás y sintiendo un gran placer en hacerlo. Eso es precisamente lo que hace la envidia ¡Te alimenta y al mismo tiempo te va pudriendo!

Es triste pensar, que a algunos seres humanos sólo las desgracias de los demás, alimentan su felicidad. Son aquellos que toman el éxito de los otros como una amenaza al suyo; entendiendo erróneamente que si la vida de los otros empeora, automáticamente mejora la de ellos.

¡Es gente tóxica! De la que hay que estar lo más lejos posible, o se corre el riesgo de terminar contaminado. No es fácil, porque están por todas partes, y muchas veces disfrazados de amigos, compañeros de trabajo o inclusive familia. Sus críticas son envenenadas, e injustificadas en la mayoría de los casos, y cuya única finalidad es destruir. ¡Alimentan su disfrute con las desgracias ajenas!

En el mundo existen dos grandes grupos de personas; aquellos que hacen lo posible para que el mundo sea cada día un poco mejor, y los que hacen que cada día sea un poco peor. Este segundo grupo es el de los envidiosos, los grises de pensamiento, gente que está descontenta de su vida y que lo único que está dispuesta a hacer para cambiar ese hecho no es mejorar su entorno, sino empeorar el de los otros; criticándolos no con la razón, sino con la envidia.

¡Para hacer mal cualquiera es poderoso! Ese mal que se gesta en el vientre del envidioso y el resentido. Mi madre siempre me decía: "Carlos, vivir es hacer aquello que tiene significado, y encontrar significado en aquello que hacemos". Todo lo contrario de la gente tóxica... de la gente envidiosa.

¿Será que no tuvieron madre? 

cdoradof@hotmail.com

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