Una nueva belleza

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Una nueva belleza que sólo yo reconozco: la que brota de mi alma

domingo, 29 de marzo de 2015

El Papa Francisco se reúne con 40 mil ancianos en San Pedro y celebra "la bendición de una larga vida

El Papa Francisco se reúne con 40 mil ancianos en San 

Pedro y celebra "la bendición de una larga vida"

Por Walter Sánchez Silva

VATICANO, 28 Sep. 14 / 07:58 am (ACI/EWTN Noticias).-
En una soleada mañana en el Vaticano y ante una Plaza
de San Pedro abarrotada, entre quienes estaban unos
40 mil adultos mayores, el Papa Francisco presidió
el Encuentro con los ancianos y abuelos a quienes
alentó a custodiar y transmitir la fe, y a luchar
contra la cultura del descarte del mundo actual.
En el evento en el que participó el Sumo Pontífice
Emérito, Benedicto XVI, y en el que dieron su
testimonio diversos ancianos que logró huir de la
persecución del Estado Islámico en Irak, el Papa
Francisco resaltó que "la vejez, de forma particular,
es un tiempo de gracia, en el que el Señor nos renueva
su llamado: nos llama a custodiar y transmitir la fe,
nos llama a orar, especialmente a interceder; nos
llama a estar cerca de los necesitados".
En un ambiente de fiesta en el que también participó
el tenor italiano Andrea Bocelli, el Santo Padre resaltó
asimismo que "los ancianos, los abuelos tienen una
capacidad para comprender las situaciones más
difíciles: ¡una gran capacidad! Y cuando rezan por
estas situaciones, su oración es más fuerte ¡es
poderosa!"
En sus palabras para el evento que llevó como título
"La bendición de la largavida" y luego de escuchar las
palabras de agradecimiento de Mons. Vincenzo Paglia,
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, el
Papa afirmó que "a los abuelos, que han recibido la
bendición de ver a los hijos de sus hijos, se les ha
confiado una gran tarea: transmitir la experiencia de
la vida, la historia de una familia, de una comunidad,
de un pueblo; compartir con sencillez una sabiduría, y
la misma fe: ¡el legado más precioso! ¡Felices esas
familias que tienen a los abuelos cerca!"
"El abuelo es padre dos veces y la abuela es madre
dos veces. Y en aquellos países donde la persecución
religiosa ha sido cruel, pienso por ejemplo en Albania,
donde estuve el domingo pasado; en aquellos países
han sido los abuelos los que llevaban a los niños a
bautizar a escondidas, los que les dieron la fe ¡Qué
bien actuaron! ¡Fueron valientes en la persecución y
salvaron la fe en esos países!"
El Papa dijo luego que "no siempre el anciano, el abuelo,
la abuela, tiene una familia que puede acogerlo. Y
entonces bienvenidos los hogares para los ancianos...
con tal de que sean verdaderos hogares, y ¡no prisiones!
¡Y que sean para los ancianos - sean para los ancianos
- y no para los intereses de otras personas! No debe
haber institutos donde los ancianos vivan olvidados,
como escondidos, descuidados".
El Santo Padre manifestó también que "me siento cerca
de los numerosos ancianos que viven en estos institutos,
y pienso con gratitud en los que los van a visitar y los
cuidan. Los hogares para ancianos deberían ser los
"pulmones" de humanidad en un país, en un barrio,
en una parroquia; deberían ser "santuarios" de humanidad,
donde los que son viejos y débiles son cuidados y
custodiados como un hermano o una hermana mayor.
¡Hace tanto bien ir a visitar a un anciano! Miren a nuestros
chicos: a veces los vemos desganados y tristes; van a
visitar a un anciano, y ¡se vuelven alegres!"
Sin embargo, alertó el Pontífice, "también existe la realidad
del abandono de los ancianos: ¡cuántas veces se descarta
a los ancianos con actitudes de abandono que son una verdadera eutanasia escondida! Es el efecto del descarte
que tanto daño hace a nuestro mundo. Se descarta a
los niños, a los jóvenes y a los ancianos con el pretexto
de mantener un sistema económico "equilibrado", en cuyo 
centro no está la persona humana, sino el dinero. 
¡Todos estamos llamados a contrarrestar esta cultura 
del descarte!"
"Nosotros, los cristianos, junto con todos los hombres
de buena voluntad, estamos llamados a construir con
paciencia una sociedad diversa, más acogedora, más 
humana, más inclusiva, que no necesita descartar a los 
débiles de cuerpo y mente, aún más, una sociedad 
que mide su propio "paso" precisamente sobre estas 
personas".
Para concluir, el Santo Padre aseguró que "como
cristianos y como ciudadanos, estamos llamados a
imaginar,
con fantasía y sabiduría, los caminos para afrontar
este reto. Un pueblo que no custodia a los abuelos y
no los tratan bien no tiene futuro: pierde la memoria,
y se desarraiga de sus propias raíces. Pero cuidado:
¡ustedes tienen la responsabilidad de mantener vivas
estas raíces en ustedes mismos! Con la oración, la
lectura del Evangelio, las obras de misericordia. Así
permanecemos como árboles vivos, que aun en la
vejez no dejan de dar frutos".

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