Una nueva belleza

Una nueva belleza
Una nueva belleza que sólo yo reconozco: la que brota de mi alma

miércoles, 1 de octubre de 2014

Sofía Imber compartió sus memorias con Arlette Machado y seguir el curso de su vida demuestra la acción del paso de los años...

Código Venezuela
Fragmento del libro de Sofía Imber Mil Sofía
Arlette Machado es la autora de la larga entrevista que acaba de aparecer, bajo el sello Libros Marcados, con el título de “Mil Sofia”.
Machadoha sido profesora Titular de la Facultad de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela por 29 años. Ahora en su jubilación, durante 4 años, ha hecho las veces de “preguntadora” transcriptora y correctora de las memorias de Sofía Imber. Ha publicado “Asedio a Guillermo Meneses” en el 80, “El apocalipsis según Juan Liscano” en el 87 y “El judaísmo, una épica de antihéroes”, en el 94.
A continuación, un fragmento del libro:
Arlette Machado. El pasado es ropa vieja ¿Memorias conversadas? Para que una memoria lo sea, pareciera indispensable rayar la intimidad, cosa casi imposible con Sofía, quien habla de hechos, de libros, de amigos, más no de sus más íntimos sentimientos. Pasa la página y dice una frase que haría la fiesta de un analista: “El pasado es ropa vieja”.
Difícil seguir una vida que uno desconoce y además tratar de llegar al fondo de una persona que no quiere recordar dolores, ni frustraciones. Se diría, a la ligera, que ella no hace duelos. Y vaya que los hace. En estos días se cumplen diecisiete años del suicidio de Carlos Rangel, su segundo esposo, y todavía a veces habla de él como si estuviese vivo, aunque se queja de haber perdido su rostro.
No me propongo hacer la biografía de Sofía, de repente una entrevista. He de tratar de ayudar al recuerdo y grabarlo con fidelidad, dejando a un lado la pretensión literaria, respetando la oralidad. Cosa, que creo, le molesta a Sofía ya que ella quisiera escribir y, bien, cuando habla. Siempre está descontenta con lo que dice o mejor dicho con cómo lo dice, ”lo que ocurre es que yo no me gusto”; opino que mi apego a su palabra le da frescura y autenticidad a nuestro intento. Su ir y venir, sus consideraciones, esa manera de ironizar, de enfrentarse a los hechos, de eludir el tema que no quiere tratar me parece un estilo. Sofía habla siempre en presente y no recurre al pasado nostálgico. Ese tono confesional le da un color a las palabras, deja una huella en el momento de la lectura, en el instante del lector.
Todos los entrevistados por Manon Kübler y ella misma reconocen el poder de seducción de la doña. Pretende, creyendo que el otro no se va a dar cuenta, dirigir el trabajo por sus senderos. En realidad he respondido a su requerimiento, a una llamada que llegó cuando yo estaba deseando hacer algo, después de tres años de jubilación, en octubre de 2002.
En 1980 publiqué un libro biografía-foro: Asedio a Guillermo Meneses. Conocí a Sofía en esos momentos, uno o dos años antes, puesto que el gran escritor venezolano había estado casado con ella por más de 25 años. Por supuesto que entre mis 75 entrevistados ella era uno de los más importantes.
Fue difícil que me recibiera. Después de varios intentos, le dejé una carta con las preguntas que le haría si ella accediera a verme y con la velada amenaza de contestarlas por ella, si se negaba. Así entré en el Museo. Estuve entrevistándola como por unos ocho meses. Nunca me recibió sola. Siempre su esposo Carlos Rangel la acompañó.
En ese momento varias personas de la intelectualidad de izquierda detestaban a Sofía. La tenían en el paredón y fueron muchas las cosas que me dijeron en su contra. El machismo se proyectaba en algunos de los comentarios que oía sobre su vida privada. Sólo publiqué los que eran avalados y firmados por los declarantes. Ella, no obstante, en las entrevistas recordó lo más valioso del padre de sus hijos, su bonhomía, demostró una gran admiración por su escritura y un afecto que en ese momento podía parecer hipocresía, pero veinte años después, su criterio no ha cambiado.
Además de las entrevistas me ocupé, gracias al apoyo de la Biblioteca Nacional y a la Galería de Arte Nacional, de recopilar el material periodístico escrito, tanto por Guillermo como por Sofía, incluso el que publicaron en Bogotá. Esta investigación la doné a la Facultad de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela, donde estuvo engavetada por algunos años y luego la entregué a la Casa Bello en ocasión de la decisión de publicar las obras completas del escritor. La GAN publicó, gracias a Monte Ávila Editores, en 1982 las mejores crónicas en una selección hecha por José Balza, con prólogo de Humberto Mata El arte, la razón y otras menudencias.
Cuando Sofía me llamó yo estaba enterada de dos intentos anteriores de grabar algo que tuviera que ver con su recorrido en la vida cultural de este país. También sabía que éstos no habían cristalizado. Hicimos un trato. No quise cobrar, a menos que el proyecto se convirtiera en libro y la editorial me pagara lo que le corresponde al periodista que entrevista.

No obstante compartiríamos los gastos del material utilizado, ella podría corregir sus palabras cuando quisiera y como quisiera, yo podría hacer cualquier pregunta sin que ella se sintiera obligada a responderla, pero no podría borrarla o modificarla y el “entretien” como a ella le gusta llamarlo, podría cerrarse sin finalizarse en el momento en que alguna de las dos quisiera.
La sexualidad, el gran tabú en nuestros países, era y sigue siendo un punto pecaminoso, de conflicto y de picardía malsana. Son muchas las personas que me han pedido que inquiera sobre la ex- vida amorosa de Sofía. ¿Le importaría a los franceses determinar con quién se acostó Sofía? “Cuidado, no cuentes lo que yo te dije pero si lo cuentas no cites mi nombre, por favor”… ¿Se quisieron Guillermo y ella? El escritor le dedicó todas sus novelas y en cada entrevista, sin que se lo preguntaran, parecía sentir la necesidad de gritar que Sofía era la única mujer que había querido y querría en su vida ¿Se daba entre ellos un ritual de alejamiento, de conquista, reconquista y reencuentros? ¿Hubo también maledicencia de quienes no entendieron la amistad entre ella y algunos hombres?
En todo caso, ese es un aspecto que de no ser tratado con toda libertad por la persona que lo ha vivido, visto por otra, tiene el tinte del chisme propio de las revistas mal llamadas del corazón. Creo, no obstante, que Sofía, a pesar de que parecía no importarle lo que de ella se decía, y vivía la vida con el impulso que le daba su vibrante vitalidad, se ha dejado constreñir por lo que ella quiere representar para la posible historia de la cultura venezolana.
El papel del recuerdo en entrevistas como me propuse no deja de tener gran importancia y ha sido difícil sacar de un bloqueo memorioso a la entrevistada. Hubiera querido ahondar más en los hechos traumáticos de una vida que al final del balance puede calificarse de exitosa: la llegada a Venezuela como familia judía que se ve obligada a emigrar.
La niña que recibe las burlas de sus compañeritas en los primeros días de clase, ya que no habla español y va vestida diferente. La pobreza. La adaptación. Las cuatro paredes judías. Su adolescencia rebelde en un país pacato. La decisión de un matrimonio en 17 días. La responsabilidad de quedarse en París acompañando al marido en un cargo de menor significación representando la dictadura de Pérez Jiménez.
Su divorcio con cuatro hijos de un intelectual reconocido y querido. Ese papel beligerante en el enfrentamiento de izquierdas y derechas en los sesenta. El nuevo amor y segundo marido, inseparable hasta su suicidio. Su necesidad de ver reconocido su trabajo. Y, finalmente, esa lucha en campos tan competitivos como el arte y el periodismo.
Lo que he constatado durante casi un año y medio es que Sofía no es de recuerdos, sino de reflexiones inspiradas por su presente.
Comenzamos nuestras entrevistas en septiembre de 2002. Nos vimos dos y tres veces por semana durante varios años; he transcrito el material grabado, lo hemos corregido al a limón. Y por supuesto, nunca hemos quedado totalmente satisfechas. Hasta que decidimos que alguna corrección tendría que ser la última.
Sofía es la artífice del Museo de Arte Contemporáneo más importante de Latinoamérica hasta el gobierno de Chávez. Lo hizo de la nada. Comenzó en un garaje y 30 años después tenía tres pisos, varios jardines y una colección reconocida en el mundo entero. En una entrevista que le hicimos a Simón Alberto Consalvi nos dijo:
“En el mundo del arte, sin duda alguna como promotora del arte no se compara con nadie, sobre todo por la creación del Museo de Arte Contemporáneo, que en América Latina es algo extraordinario, Ella lo fue logrando paso a paso, además con un buen criterio que no se le reconoce porque se la ve únicamente como la hacedora de un gran museo, pero tras esa condición hay una persona que tiene una enorme cultura plástica. Y a ello se debe la calidad de la Colección permanente del Maccsi. Creo está entre los grandes conocedores del arte contemporáneo. Primero el conocimiento del discurso del arte contemporáneo como lo tenía ella y por supuesto su estadía en París le permite conectarse con todos estos grandes personajes, aparte de eso pues las otras condiciones que tiene Sofía, mujer de gran voluntad, de un gran empeño en lo que hace, claro que se dieron las condiciones para que ella pudiera llevar a cabo lo que hizo, por la apertura del régimen imperante y la sensibilidad que algunas personalidades tuvieron tanto públicas como privadas, porque el Maccsi es producto también de una contribución privada no desdeñable”.
De la correspondencia con pintores, galeristas y críticos que parece ser muy valiosa y abundante, no supe hasta que entrevisté a Consalvi, pero Sofía no la ha puesto en mis manos, lo que considero como una inmensa laguna.
En nuestra entrevista explica su criterio de selección para la colección del Maccsi, pero creo necesario anticipar que no desestima a los primitivos venezolanos: La primera vez que en Caracas se conoce la arquitectura y la originalidad del arte de Juan Félix Sánchez es porque Sofía se propone hacer una exposición sobre él. (…) De su obra periodística, conozco los recortes de sus colaboraciones que le han guardado y el libro que recoge antológicamente algunos artículos de su columna Yo la intransigente. Ha publicado en “Ahora”, “Últimas Noticias”, “El Nacional”, “El Universal”, “Momento” y ha dirigido la revista “Variedades”.
Vale la pena destacar el papel de Sofía en la edición y publicación de CAL, una de las revistas culturales que hicieron historia en el país. Se hizo en su casa La sureña y ella es reconocida como el motor por tirios y troyanos.
He revisado, además, varios años de sus programas digitalizados por la Universidad Católica Andrés Bello, bajo la dirección de Carolina Oteiza y la promoción del padre Ugalde, el educador más certero en sus análisis de nuestro sistema educativo y actualmente Magnífico Rector de esa casa de estudios.
La universidad informa que desde 1969 a 1993 Sofía sola o acompañada realizó entrevistas en los programas “Buenos Días”, “Lo de hoy”, Sólo con Sofía y “Sofía en CMT”. Las entrevistas de “Buenos Días” fueron organizadas y transcritas bajo la supervisión de Carlos Rangel y Sofía Imber, hasta formar varios tomos: Buenos días es una fuente indispensable de consulta cuando se quiera escribir la historia de Venezuela de la última mitad del siglo XX. Es un programa al día, cosmopolita que lleva al público venezolano libros, artículos de revistas y periódicos del exterior y trae a la pantalla no sólo a los más importantes políticos de Venezuela, sino también a los funcionarios medios.
Con posición política evidente, Carlos y Sofía abiertamente enfrentan al comunismo, defienden a los presos de conciencia, sobre todo de los países del Este y Cuba, conversan con los visitantes extranjeros, exaltan la democracia y la libertad, condenan la confrontación armada guerrillagobierno, defienden los derechos de la mujer y de la infancia y propician la planificación familiar.
Hay siempre la firme voluntad de participar en las polémicas que se dan en los países desarrollados. Carlos prevé que el terrorismo se va a convertir, como en efecto lo hizo, en uno de los principales problemas de final de siglo XX.
En la mitad del período del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, Gonzalo Barrios aparece, por ejemplo, como político culto que fue, definiendo la democracia y lamentándose de la falta de desarrollo de una democracia social y de fuerzas verdaderas para enfrentar los problemas que tenía el país.
“Gonzalo Barrios –dice Sofía- es uno de los políticos más claros y más cultos y él estaba sumamente consciente del exceso de poder. De ahí la famosa frase de Gonzalo: “A Carlos Andrés le hace falta un poco de ignorancia”. En el programa Sofía editorializa a menudo con su columna del día anterior de “Yo la intransigente”. Y, cuando no hay invitados, en el diálogo y las polémicas entre Carlos y Sofía -como dicen en el medio periodístico- no hay pérdida….
SOFIA IMBER EN EL PRESENTE...HOMENAJEADA EN LA FIA 2014...SE VE EL PASO DE LOS AÑOS
AÚN EN ELLA LA ETERNA INTRANSIGENTE...LA MUJER ETERNA QUE TUVO TODO EN SUS MANOS.

“Sé que me estoy muriendo,  y me gustaría volver a vivir”

Sofía Ímber | Foto: Williams Marrero
Sofía Ímber | Foto: Williams Marrero
Mañana, a las 7:00 pm, en el Hotel Tamanaco, se le rendirá un homenaje en la XXIII Feria Iberoamericana de Arte 

En una casa amplia, incrustada en una colina caraqueña, allí donde en otros tiempos se guarecía de la curiosidad ajena quien era la mujer más mediática de Venezuela, vive Sofía Ímber su larga vejez. En un primer momento, apenas verla como está, instalada en un sillón, rodeada por cierto aire majestuoso, parece un ícono de capilla medieval. Si antes su cabello, de destellos ocres y dorados y siempre bien peinado, era el marco espléndido de un rostro poderoso, hoy ilumina los gestos de una señora que dice, con una ferocidad desengañada: “Yo sé que me estoy muriendo, y me gustaría volver a vivir”. Al replicarle el periodista: “¡Pero son 90 años, y usted ha hecho de todo!”, alza los hombros e insiste, terca: “No lo suficiente”.
Fue persona de éxito en la prensa escrita, la radio y la televisión; fundó el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y lo convirtió en uno de los mejores de América Latina; estuvo casada con dos hombres incomparables, Guillermo Meneses, con quien tuvo sus cuatro hijos, y Carlos Rangel; conoció o fue amiga de Gérard Philipe, de Picasso, de Reverón, de Neruda, de Vasarely, de medio mundo; se dio el lujo de tener enemigos y de sobrevivirlos; hoy es abuela y una mujer admirada dentro y fuera del país. ¿Qué más quiere? Sofía Ímber se parece a esa frase de Oscar Wilde que dice que nada triunfa tanto como el exceso.
“Yo pienso en mi forma de ser y no sé si es pasión o malacrianza. Me encanta trabajar y quisiera seguirlo haciendo. Lo que pasa es que mi carapacho no me ayuda –se refierea su cuerpo, según ella ‘un fracaso’, puesto que ya no la acompaña tanto como querría–. Por eso es que, a pesar de que amo los espejos, no me miro en ellos”.
–¿Le da nostalgia?
–No conozco esa palabra. Incluso si alguien me pregunta si siento nostalgia por algo tan grande como el Museo… no. Lo hice y se acabó. Como cuando uno tiene un novio y lo deja. Ya está.
–Actitudes como esa hacen creer a mucha gente que usted es implacable. Quedó a la vista cuando apareció en Buenos días, sola, al día siguiente de haber enterrado a Carlos Rangel, su marido, el coanfitrión del programa.
–Cuando el suicidio de Carlos, Arturo Úslar insistió en venir a mi casa. Me dijo: “Te ruego que no vayas al programa. Cuando dijiste que irías no sabías lo que decías” .Yo le respondí: “Arturo, te agradezco la amistad, pero yo voy a ir”. Y fui. Dijeron de todo de mí: que era cruel, fría, insensible. No me importa. Hice lo que a Carlos le hubiese gustado que hiciera.
Comienza a llover. La señora solicita ir al baño. La acompaña Carmen, su enfermera. Unos minutos más tarde, regresa. Sofía ha caminado 40 pasos y está cansada. Respira con cierta dificultad. “Viéndolo bien –se reincorpora–, yo no he tenido una vida interesante”.
–¿Cómo no?
–Me comparo con grandes mujeres y me parece que soy poco.
–¿Por ejemplo?
–No sé… con Ajmátova, con Margaret Thatcher…
–A Anna Ajmátova le fusilaron a su marido, su hijo estuvo años en la cárcel, fue perseguida por Stalin. ¿No es excesiva la comparación?
–Quizá sí.
–¿A cuál mujer venezolana admira más?
–A Tita Mendoza.Y entre los hombres, de los vivos, al padre Ugalde, y de los muertos, a Alejandro Armas.
–Muchos admiran a Sofía Ímber, que esta semana será homenajeada en la XXIII Feria Iberoamericana de Arte de Caracas (FIA 2014).
–Soy madrina de la FIA desde el primer día. Es un reconocimiento a la amistad.
–Es una distinción que recibe en un momento muy difícil para el país.
–Quisiera no hablar del país. Me duele demasiado.Y como no estoy activa, me siento peor…¡Lo de Rayma! Uno vive la censura ajena como propia. A mí también me botaron de ese periódico. A mí me botaron de todas partes.
–¿A dónde va a llegar Venezuela?
–Llegó. Pero falta.
–¿Qué hacer?
–Lo de siempre: luchar. Pero, claro, luchar cómo, dónde, cuándo, con quién. Aunque se lucha, no siento aquella pasión venezolana. No veo la unidad.
–Es pesimista.
–Yo soy así. Hay un pesimismo que es dinámico y que avanza rápidamente –mira hacia la ventana. Cunden el agua, los relámpagos, los truenos–. Esta lluvia ha sido muy irregular –observa–: primero grandota, luego chiquita, ahora grandota otra vez. Así es uno, ¿verdad?
–¿Quiere mandar a cerrar la puerta del balcón?
–No. Prefiero ver la lluvia. Prefiero ver el miedo y enfrentarlo antes de que me lo cuenten… –y un instante después, la mirada de vuelta, sonriente–: La noche que inaugura la FIA voy a estar elegante.
–Como siempre, ¿no?
–Sí –dice. Y tose un poco.

LEYENDA:
WILLIAMS MARRERO
Ímber: “Soy madrina de la FIA desde el primer día. Es un reconocimiento a la amistad”

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